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22.6.10

La batalla final

La batalla se prometía dura, tras un primer asalto en el que el hombre maligno trajeado creía poder eludir sus responsabilidades con vuestro héroe, el segundo asalto se prometía a fuego y sangre.
Nunca fue un servidor de ustedes amigo de cortar cabelleras, aunque os mentiría si os dijera que no ardía en deseos de mandar a un par de negros empapados en crack a practicar el medievo son sus anos, pero no, armado con un maravilloso e infalible boli bic, fabricado por Hatori Hanso, me puse a la tarea de derrotar al maligno señor de Ásisäf, hijo de Ségurmir privasus. Con mi arma apunto empezó mi entrenamiento en casa, litros de sangre de unicornio, en forma de tinta corrían por mis pergaminos, formando el encanto mágico que derrotaría a Ásisäf, sentía el poder correr dentro de mi y materializarse en forma de palabras.
No había tiempo para treguas, el momento se acercaba, todos lo sabíamos, y sin más dilación, llegó el momento, armado con mi fiel escudera Arwera comenzó mi travesía hacia las tierras donde se cierne el oscuro reinado de Ásisäf.
Pero mis queridos amigos, las historia de héroes a veces no tienen un digno final, mirad la torre oscura, y el villano no siempre está a la altura del glorioso final que merecen ilustres personajes como el que nos ocupa, y la esperada batalla final, la que debía cambiar el rumbo de las reclamaciones, incluso crear jurisprudencia, quedó eclipsada por el terror que invadía Ásisäf, así que este huyó del lugar de la cita en busca de pan de lembas, dejando a un emisario para firmar su rendición ante mi persona y poniendo su reino a mis pies para el resto de la eternidad.

Y así, mis fieles lectores, es como derroté al temido Ásisäf y me fueron reintegradas mis 106 monedas de plata.