14.2.13

¡Budy!

Niños, hoy voy a contaros la historia de Cómo conocí a mi perro, ¡sin Neil Patrick Harris pero igualmente divertida y genial! y sin gluten, siempre sin gluten.

Todo empezó hace ya unos meses, cuando el gusanillo de volver a tener un perro empezó a moverse por mi interior. Desde entonces empecé a tantear por mi casa la posibilidad de tener un nuevo amiguete, pero mis progenitores y fuente principal de alimento se negaban en rotundo, de una manera rotundamente rotunda, de esas que te dan a entender que es un rotundo no, no era un quizás, no, era un rotundo no, de esos noes rotundos que hacen que la rotundez adquiera todo su esplendor. Rotundamente no.

Pero amigos, mis ganas de tener un portapulgas aumentaban día a día, por lo que tras unos cuantos tanteos decidí pasar a la acción y empecé a buscar perro por los refugios. La adopción siempre me gustó, hay mil perros buscando hogar que merecen una oportunidad. Vi uno que me encantó, un perrete de dos años que estaba en un refugio de Las Torres de Cotillas, pero tras ponerme en contacto con ellos me dijeron que para adoptarlo debería abonar 120€, ¿acaso parezco un payo que perdió la guerra? sintiéndolo mucho por ese perro, no pude asumir tal cuota. Por aquellos días además el hijo de mi tía y mi tío, que además resulta ser primo mio a la par que compañero de escalada y senderismo tuvo a bien hacerse con Roco, un precioso pastor alemán. Mis ganas de tener perro ya eran parecidas a las ganas que tiene Tapanez de tener un Delorean para poder echarse laca en los 80 y ponerse cosas con hombreras.

Esta situación nos lleva al pasado domingo. Tras un sábado por la noche en el cocodrilo, con sus eróticos quintos de estrella por doquier celebrando el cumple de Sandra, el despertarme domingo a las 9 de la mañana fue duro, ¡maldita manía de salir a escalar los fines de semana! aún así el aliciente de ir a un sector de escalada en el que nunca había estado me hizo levantarme, primera señal. Llegado a las torres me reuní con ese hijo de mi tía del que os hablé antes, Roco y Sergio y nos ecaminamos hacia Mula. Andábamos cerca del cementerio de Las Torres cuando vi lo que mi miopía me dijo que eran dos gatos en la carretera y mi copiloto me dijo que eran dos cachorros cánidos, mi copiloto tenía razón. Tras unos segundos de incertidumbre, decidimos recogerlos, no podíamos dejar a dos cachorros de unos 2 meses tirados en la carretera, así que nada, ¡a escalar con nosotros que se ha dicho!

El día transcurrió muy bien, los perros eran un encanto y desde el principio nos hacían caso y estaban a nuestro lado, así que decidimos adoptarlos, Sergio a uno, y un servidor al otro. Que sea lo que Crom quiera.

Al llegar a casa estaba muy nervioso por la reacción de mis padres, pero fue un pelín mejor de lo que esperaba, sin ser buena, tampoco opusieron toda la resistencia que la rotundez de sus repetidos noes me hubiera hecho esperar, así que genial, ¡Budy se quedaba en casa! (4 días después ya se los ha ganado, por supuesto)

Así que por fin desde el domingo tengo perro, mola una barbaridad. Tiene mil cosas graciosas, como verlo a menudo pelearse con el espejo, o verlo como se envalentona ladrándole a los perros grandes mientras está entre mis piernas, valentía que desaparece cuando los perros se acercan, por supuesto. La verdad es que hace poco más aparte de comer y dormir, tiene una vida muy parecida a la de El Macho, nisiquiera le gusta salir a la calle, lo tengo que sacar en brazos de mi casa, y cuando lleva 10 minutos andando empieza a morderme las piernas para que deje de andar y pueda sentarse, justo como hace el Guiller. De momento se porta mejor de lo que podria haber pedido, es todavía mejor de lo que imaginaba que iba a ser en esos meses que pasé deseando tener perro, supongo que los que tengáis o hayáis tenido uno me entenderéis, incluso ha hecho ya su primera visita oficial a la mansión de los Tapán, aunque lo que realmente estoy deseando es que crezca un poquito y poder llevármelo a pasar el día por la montaña y almorzar por las cimas viendo ardillitas.

En fin, que tengo un nuevo amigo, y que sea por muchos años, ¡Bienvenido Budy!


"y mear en un árbol y marcar mi territorio 
ir al bar de Manolete a comer huesos de filete 
Colocar algún ladrido en la puerta de tu casa 
para ver si me acaricias y me haces feliz 

Quiero vagar cada noche por una calle 
y descansar cuando me de la gana
romper el hielo y dormir bajo un puente 
coger el sueño escuchando a la gente 

Y vivir sin tener preocupaciones 
ni aguantar a un idiota que te toque los cojones
y mear en un árbol y marcar mi territorio 
visitar a los colegas y montar algún jolgorio" 

3 comentarios:

Tapanez dijo...

¡Eh! no había pensado en lo del Delorean, las hombreras y esas cosas... y ahora quiero uno :____( si te encuentras uno abandonado cuando te vayas a perder el tiempo al monte píllamelo.

La verdad es que el perro está chulo, aunque no haga gran cosa salvo dormitar, pero tienes razón, hace lo mismo que El Macho y además sale más barato y no tienes que recogerle los vómitos el sábado por la mañana. Bueno, seguro no lo sé.

Disfruta del chucho hasta que lo pille por banda el Manolowar.

Raúl Cobb dijo...

Yo vendería ya los derechos de la historia a Disney que te hagan una película guapa, tierna, divertida y de superación. Por otra parte, veo que vuestro reloj biológico se ha activado: primero el perro, luego el crío. El Macho y tú seréis muy felices, yo os veo como unos padrazos. Bueno, realmente no.

En fin, espero ver dentro de poco a Budy y presentarle mis respetos. Y si me ladra, sufrirá por ello, avisados quedáis :D

PD: oye, ¿el Sergio que mencionas es Sergio Hate? Por curiosidad.

The crow dijo...

No, es un coleguilla de la escalada